miércoles, 23 de enero de 2008

:: La ciudad blanca

Regateado el bondi, llegamos a la capital constitucional de Bolivia. Y fuimos directo al comedor nocturno a morfar las famosas "Pailitas" (un quilombo de arroz, verduras, carne, huevo frito, papas fritas y salchichas).
Dormimos en el alojamiento mas horrible, paupérrimo, triste, presidiario y sucio de la ciudad: dos noches, los dos a 60 bolas. Por suerte conseguimos uno mejor y nos mudamos.
Paseamos mucho, fuimos al Mercado Campesino donde probamos el "anticucho" (corazon de vaca) y tripas (chinchulin!!!) en los puestos callejeros. Visitamos las siete cascadas y nos frustramos en nuestra visita al Palacio la Glorieta (una garcha!).
La ciudad ostenta sus lujos, con sus 4x4, tiendas de chocolates, sastrerías, joyerías y demás vicios inútiles de toda capital.

:: La sal no sala

Existe un momento en que el turista se convierte en viajero. Ese momento fue para nosotros, Uyuni. El viaje, solito, nos desviaba lejos de esta ciudad y sus excursiones para gringos. Nos habíamos enterado que el salar está inundado, que las excusiones ofrecían la mitad del circuito, pero cobraban lo mismo y en dólares. Tercamente, insistimos en ir. Llegamos pasados por agua. Buscando donde dormir, fuimos a dar al alojamiento campesino. Pasamos la noche en un concierto de pedos, eructos y ronquidos. Pero lo más importante fue haber sentido aquel característico olor a coya, el olor del tipo que labura todos los días en el mercado y duerme sobre payasas (en el piso un colchon hecho de paja). La idea de esa noche, mojados y colados en aquel alojamiento, fue que ninguno de los que compartian techo y colchon con nosotros, habia ido ni iba a ir al salar en esas malditas excursiones.
Al otro día volvimos para Potosí, muy tranquilos de no haber participado del negocio de las agencias de turismo.

:: La Villa Imperial

Llegar a Potosí de noche, asusta un poco, sobretodo si sos foráneo. Desde el camión que nos trajo, veíamos el espectáculo de la ciudad iluminada que nos sorprendio de entrada.
Recorrimos sus calles angostas con el poco aire que te dejan los 4200 metros de altura, apreciando los restos de la arquitectura colonial: sus balcones, terrazas y ornamentaciones.
Desde el Cerro Rico, todavía hoy se escuchan los ruidos de las explosiones perforando sus entrañas. Visitamos el Mercado Minero y la ex carcel de los mitayos, hoy convertido en un restaurant abandonado.
Caimos por un queso podrido que nos dejó en cama por dos días. Fisuramos en el hostel para gringos (regateado a mitad de precio), viendo películas y abusando de internet.
Facu visitó las termas de Tarapaya donde curó los callos de sus pies.

martes, 15 de enero de 2008

:: El Cerro Rico

“... Dicen que hasta las herraduras de los caballos eran de plata en la época del auge de la ciudad de Potosí. De plata eran los altares y las alas de los querubines en las procesiones (...) En Potosí la plata levantó templos y palacios, monasterios y garitos, ofreció motivo a la tragedia y a la fiesta, derramó la sangre y el vino, encendió la codicia y desató el despilfarro y la aventura. La espada y la cruz marchaban juntas en la conquista y el despojo colonial. Para arrancar la plata de América, se dieron cita en Potosí los capitanes y los ascetas, los caballeros de lidia y los apóstoles, los soldados y los frailes. Convertidas en piñas y lingotes, las vísceras del cerro rico alimentaron sustancialmente el desarrollo de Europa (...) Vena yugular del virreinato, manantial de la plata de América.
Bolivia, hoy uno de los países más pobres del mundo, podría jactarse -si ello no resultara patéticamente inútil- de haber nutrido la riqueza de los países más ricos. En nuestros días, Potosí es una pobre ciudad de la pobre Bolivia (...) Esta ciudad condenada a la nostalgia, atormentada por la miseria y el frío, es todavía una herida abierta del sistema colonial en América: una acusación. El mundo tendría que empezar por pedirle disculpas...”
Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina


jueves, 10 de enero de 2008

:: Fantástico boliviano

Para darnos la bienvenida, nos vendieron asiento repetido en el bondi, nos hospedamos en un hostel que se rompió la cama y que dijeron que tenía agua caliente pero salía helada. A relajarse, sabemos que esto va a ser así.
Al otro día nos mudamos a uno a casi la mitad de precio y salimos a recorrer las ferias donde morfamos picante de pollo a 8 bolas y nos abastecimos de arroces, fideos y legumbres con algunas verduras baratitas. Panza llena, corazón contento.

:: Los fronterizos

El ejército argentino nos hizo una mala jugada en la frontera con Bolivia. Nos demoraron con papeletas y casi no nos dejan pasar por no tener un maldito papel que diga que el alemán reside en argentina. Puaj.
Por suerte al final todo salió bien, escuchamos el sermón y festejamos una vez sellado el pasaporte del otro lado de la frontera.
Estuvimos unas horas en Villazón donde morfamos ají de fideos (re picante) y licuados de banana por 10 bolas, y después partimos en bondi a Tupiza. Dos horitas rebotando sobre el ripio.

:: Blues de Argentina

Después de 62 días (12 de lluvia), 2750 km recorridos, 1 tren, 2 colectivos, 43 dedos, 20 pueblos pernoctados y 2 couch, cerramos el capítulo del Norte Argentino.
Muchas personas compartieron con nosotros esta etapa: los amables y hospitalarios Zully y Andrés, el Sr. Chito y su Peugeot 504, la Sra. "sin-fines-de-lucro" Rogelia, los artesánganos Chicho y Naty y el hermanito Tommy, aunque los Faisanes Maru y Fer fueron nuestra mejor compañía viajera.
De nuestra exhaustiva requisa y abusivo consumo de empanadas, podemos destacar las más ricas de la mano de Zully y el horno de barro de Andrés, y las mas felices para nuestro bolsillo, las del mercado de Tilcara: $4 la docena.
Una de las decisiones mas importantes desde que salimos hasta ahora, fue dejar de usar desodorante, o como dice Rodomarre: "¿Cuando fue que el hombre empezo a arrepentirse de sus olores?". Continuando con la higiene, la principal característica del norte es el baño con el maldito calefón eléctrico. Por otra parte, también fue clave para nosotros haber comenzado a hacer artesanías (aunque hasta el momento sólo vendimos un llavero).
De las tres provincias visitadas, Salta fue la mejor indiscutidamente: los paisajes más lindos, la gente más copada y los precios más baratos.
Gracias a todos los que anduvieron estos meses con nosotros, viajando y compartiendo o bien desde la distancia, por mail o leyendo el blog, entre los que no podemos dejar de mencionar a nuestra más ferviente lectora: mamá Celeste.
...yo me voy para Bolivia!

:: Casas de adobe

La última parada del norte argentino fue para Yavi, hermoso pueblito a 16km de La Quiaca. Descansamos, leimos, tomamos mucho mate y conocimos un grupo de rugbiers copados de San Antonio de Padua, con los que compartimos nuestros últimos días en Argentina.

:: Los fugitivos

De regreso a Iruya, nos dispusimos a buscar alojamiento sin dinero y conseguimos cambiar dos noches en la hosteria de Aurelio a cambio de un llavero y 10 pe. ¡¡¡La primera venta!!!
Allí descansamos, lavamos ropa y repusimos fuerzas. Cuando decidimos abandonar los pagos iruyenses, nos atacó una tormeta, neblina, día fulero si los hay. Milagrosamente, se acercó una tucumana en su camioneta y nos arrastró hasta Humahuaca. Desde ahí hasta la Quiaca, nos costó dos días de dedo que terminaron siendo 14 pesos de bondi ya que no nos levantó nadie.
Ni bien llegamos a la Quiaca, y de merecidísimo premio, nos lastramos una parrillada con fritas a 9 pe, con pecsi de litro y medio y todo!!
La Quiaca no fue nuestro lugar preferido, y huimos como fugitivos del camping, al 2do. día.

:: 5 días sin luz

El 29 de diciembre arrancamos la girita para San Isidro, San Juan y Chiyayoc donde pasamos de un año al otro. En estos lugares nos olvidamos de la luz eléctrica, el gas, los autos y disfrutamos del paisaje y vivencias increíbles.
Pasamos el 31 en el salón comunitario de San Juan, con toda la gente del pueblo (60 personas contando los niños, perros y otras mascotas) donde cada uno aportó algo para el brindis.
Estuvimos hospedados en lo de Jacinta y Hugo (principal "animador" de la misa de fin de año) con sus 5 pequeños y bonitos hijitos.
Los caminos de montaña nos costaron mucho sudor, pero nos recompensaron la vista y el alma con los paisajes más lindos que vimos en nuestro norte argentino.