Entramos a Guate en
shuttle, entusiasmados con el encuentro con una nueva cultura y preocupados por nuestro devenir vagabundo.
Hicimos parada en la Antigua Guatemala -vieja metropoli de Centroamerica y ahora convertida en parque de diversiones turisticas- y planificamos alli nuestro itinerario rutero al tiempo que practicabamos visitas gastronomicas en el mercado municipal, incursionando en recetas de pepianes, hilachas, chiles rellenos, pacayas y otras delicias.
La nueva ruta mochilera (especulando con la temporada laboral de semana santa) nos empujo nuevamente para el sur, manejando como destinos las playas de El Salvador.
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Regresamos a la Antigua luego de un paso triunfal por El Tunco, y decidimos egresar como artesanos profesionales con la adquisicion de piedras preciosas para incorporar en nuestro parche.
Nos fuimos, entonces, a practicar taller a orillas del lago Atitlan. Instalados en Panajachel en la casa de Otilia, nos dispusimos a armar un nuevo paño e innovar con otras artes. Haciendo base en Pana, con cama comoda y cocina con horno, nos mandamos a explorar algunos pueblos del lago, y tambien visitamos La feria de Chichicastenango, que provoco una tremenda
decepcioneri en Fla, aunque Facu se compro dos pantalones de papacho.
Luego de dos semanas de yoga, taoismo, cocina y taller en el hermoso lago Atitlan, nos fuimos a Xela donde nos esperaba Eddy y su novia holandesa para invitarnos unas ricas pizzas de la cadena Hut.
Guate tuvo primera vuelta y ballotage. Las paradas fueron pocas pero prolongadas, y pudimos disfrutar mejor asi de los lugares que visitamos. Nos maravillo Antigua y su arquitectura colonial, nos encantamos con el lago Atitlan, sus pueblos y sus volcanes, y escalamos el Chicabal en Quezaltenango.
Guate deja su huella en este viaje. Finaliza ella nuestro paso por America Central luego de 5 meses y medio por estos caminos. Guate es por ello una puerta que cierra, pero al mismo tiempo es la puerta de entrada a un nuevo mundo....