
En Monteagudo nos cambió la suerte. Armamos un paño un poco mas serio (ver foto) y salimos a reventar artesanías. Hubo oferta, demanda, canje, regateo, trueque y otros chantajes.
No sólo recuperamos la inversión inicial, sino que ganamos unos morlacos extras que nos llevan hacia el camino del éxito económico para convertirnos en los magnates del macramé, tal como predijo el sabio Fernando Aragón.
Muy contentos con estos logros, festejamos con un banquete de chinchulines callejeros.