martes, 14 de octubre de 2008

:: Arenas blancas, aguas trasparentes

Llegamos a Chichiriviche por la tarde y nos alojamos en la casa de la vieja barbuda Mercedina, pariente venezolano de fuckin Genobeva (maldito cuadrado).
Lejos de parecerse a nuestro imaginario del Caribe, el pueblo nos resultó sucio y feo, sin playas y con energía negativa. Tratamos de afrontar la situación y nos mandamos al Parque Nacional Morrocoy, buscando paisajes y alguien a quien venderle las artesanías, y en el Cayo Sal nos encontramos con Cesar y Lulimar. Ellos nos iluminaron los días y nos llevaron a pasear y a comer por todos lados. Visitamos el Cayo Sombrero (foto) y las playas de Tucacas, que resultaron ser unos de los lugares más hermosos en lo que va de este viaje.
Con ellos formamos un grupete loco, divertido y desparejo que lleva por nombre "Los Encayados", y quedará en nosotros el recuerdo de los finos días compartidos en el paraiso.

jueves, 2 de octubre de 2008

:: Los diligentes

Dejamos atrás la Sabana y llegamos a Caracas pateando latitas con mas pena que gloria. Malheridos por el ataque de los puri-puri, con olor a chino de Laferrere, los zapatos rotos y sin un real en el bolsillo, amanecimos en la Terminal San Martin de la capital venezolana.
Nos dijeron para arriba, para la izquierda, para el sur, tomate el metro, coge una camioneta, anden con cuidado, señores sus cédulas de identidad, cuidado con los malandras, Esquina Las Piedras, Estación Capitolio: bienvenidos a la República Bolivariana de Venezuela.
Urbe extraña y temerosa, Caracas nos dejó los pelos de punta (en el caso de Facu, los pocos) en menos de 3 horas, y llegamos de casualidad a la casa de Claudia: base de operaciones de los Iracundos para las tareas babilónicas.
Lavamos -le sacamos la tierra- el 100% de las reservas de ropa (algunas prendas necesitaron doble remojada); también remendamos y cosimos buzos y remeras -pobreza total. Mandamos una encomienda de 8,5kg con destino incierto a algún lugar de la Argentina en el vuelo 675. Fuimos GRATIS al dentista; Fla se rellenó un buraco de muela partida. Armamos nuevos exhibidores para las artesanías. Montamos un restaurant exclusivo con recetas y platos típicos iracundos. Y hasta tuvimos tiempo de pasear en subte e ir al cine a ver "El Rey del Galerón".
Una vez cumplido con el deber, las playas del Caribe nos esperan con el agua calentita.