
Atras quedaron el jet set, las
veggie burguer, el TEG y los parches chetos, para regresar a las andanzas iracundas.
Aterrizamos en San Luis Potosi, donde volvimos a sentir el frio despues de muchos meses, aunque tambien a deleitarnos con la comida
corrida de los mercados. Nos recibio Ernesto el murcielago, con quien fuimos a pasear por la ciudad, nos preparo unas enchiladas potosinas, y fuimos a conocer su bar donde tomamos unas buenas chelas.
A dedo y con lo puesto (lease: el parche), nos internamos en el pasado, en la magia y el mero desierto: Real de catorce, un pueblito olvidado detras de un viejo tunel de minas. No comimos peyote, pero vendimos bastante, le dimos durisimo a las
gorditas y a los pasteles del Meson de la Abundancia.
De esta manera se da nueva campana de largada a las aventuras de los Irones.